LA VERDAD SOBRE EL ACEITE DE PALMA

LA VERDAD SOBRE EL ACEITE DE PALMA

Siempre ha habido mucha controversia con los aceites que utilizamos para uso doméstico diariamente.  Ahora le ha tocado al aceite de palma estar en el punto de mira, como en su día ocurrió en España con el aceite de colza o canola, que proviene de la mostaza.

El problema no está en la procedencia del aceite, sino en los métodos de extracción empleados por los productores.

Existen muchos tipos de aceite que se extraen de la semilla. Algunos ejemplos son el aceite de semilla de uva, de albaricoque, de melocotón, de coco, de lino, de sésamo o de oliva. En España el más común y el más consumido es el aceite de oliva, llegándose incluso a desprestigiar otros aceites provenientes de otras semillas, pero que son similares.

Para comprender el origen de las polémicas con los tipos de aceites, hay que empezar destacando que el problema no está tanto en la procedencia de dicho aceite, sino en su proceso de extracción y creación, donde en ocasiones se recurre a prácticas de dudosa moralidad.

Por este motivo, el hecho de consumir aceite de girasol refinado, en España es algo impopular y poco aceptado. Sin embargo y pese a ello, en los restaurantes y en los hoteles es uno de los aceites más empleados, junto al aceite de colza, o las mezclas entre ellos.

Sabiendo esto, ¿por qué ha sido tan vilipendiado el aceite de palma?, ¿son unos aceites mejores que otros? La respuesta es no.

La composición de cada tipo de aceite puede ser diferente y puede estar hecha en diferentes proporciones de grasas saturadas, monoinsaturadas y poliinsaturadas. Dentro de las grasas, podríamos decir que las peores son las grasas llamadas “trans”, las hidrogenadas, que son grasas transformadas de forma aberrante, como por ejemplo las margarinas. Las margarinas son aceites vegetales líquidos que por medio de un proceso de calentamiento y electrolisis es convertida en una masa sólida y blanca, a la que añaden un colorante artificial llamado “Tartrazina” (procedente del petróleo) para darle el toque de color similar a la mantequilla.

Con esto en mente, podemos reiterar que el problema no es el producto en sí, sino la manipulación y los procesos a los que es sometido para convertirlo en algo diferente. Y es que, desde hace muchos años, las compañías que producen y venden la margarina han insistido en que era un producto maravilloso dada su procedencia vegetal, y que no tenía nada que envidiar a la mantequilla, siendo en realidad la margarina, un producto mucho peor.

Así vemos cómo opera la industria: cogen un producto natural, crudo en su origen, y lo someten a diferentes procesos artificiales para obtener la máxima rentabilidad sin importar las consecuencias para los consumidores.

EN LA EXTRACCIÓN DEL ACEITE ESTÁ LA CLAVE

La industria nos provee de cosas que están bien, pero también de cosas que están mal, porque como decimos, su prioridad es obtener la máxima rentabilidad y el máximo beneficio de todo lo que producen.

Las semillas, tal y como las crea la madre naturaleza, son buenas, para nuestra salud. Pero a la hora de sembrarlas, son envueltas con una capa de veneno, un pesticida para protegerlas en el interior de un terreno con abonos procedentes del petróleo, donde a continuación se van a seguir fumigando con más pesticidas y herbicidas.

Aquí es donde comienza la parte negativa de la industria, donde radica la gran diferencia entre la agricultura orgánica, Bio, o ecológica, y la agroquímica.

A la hora de extraer el aceite, se puede hacer de diversas formas, pero la manera más saludable y menos artificial, también es la menos rentable; esta es la denominada presión en frío, la que se hace por pura presión o extracción mecánica. Con esta forma de extracción se obtiene un 30-40 % del aceite total del alimento en cuestión.

Si utilizamos semillas orgánicas para extraer aceite por presión en frío, vamos a obtener aceites orgánicos, sin importar que sean de colza, de oliva, de palma, de maíz… Pero si miramos hacia la industria agroquímica, nos encontramos con una industria que lo que busca es la explotación de terrenos muy extensos donde cultivar y obtener el máximo rendimiento de esas semillas, y que por supuesto, no se plantea en ningún momento el sistema de extracción por presión en frío.

El problema radica en lo que ya hemos comentado: las empresas pretenden sacar la máxima rentabilidad del producto, motivo por el que prefieren optar por métodos menos sostenibles para el medioambiente y menos saludables a la larga para el consumidor.

  • Mediante calor: aumentando el calor de 120º hasta 180º, los fabricantes pueden extraer hasta un 70% de aceite de la semilla en cuestión. La cuestión es que este proceso deteriora los nutrientes del aceite, y se ven obligados a reemplazar las vitaminas perdidas por otras artificiales.
  • Añadiendo disolventes: se trata de un proceso por el que se recurre a disolventes en el proceso de extracción para lograr un 99% de aceite; aceite de malísima calidad por supuesto, pero al fin y al cabo, una rentabilidad estupenda para el fabricante, ya que, al haber obtenido tanta cantidad, puede comercializarlo a un precio muy barato, que hará que los consumidores lo compren, sobre todo aquellos con una economía muy reducida y con problemas para llegar a final de mes.

En el segundo caso encontramos un ejemplo relativamente reciente en nuestro país. Estamos hablando de la intoxicación masiva por aceite de colza, que en el año 1981 afectó a más de 20.000 personas y que provocó la muerte de 1.100. ¿Qué ocurrió exactamente? Al llevar a cabo ese proceso de extracción total de la semilla, utilizaron una cantidad excesiva de disolventes, haciendo que el veneno tuviera tanta presencia en el aceite, que originó este grave problema sanitario…

Esto que ocurrió con el aceite de Colza, debido a grandes cantidades de disolventes químicos en el aceite que usan para conseguir más cantidad, ocurre todos los días con los aceites baratos, lo que pasa es que ahora las cantidades son muy pequeñas, y las personas no mueren, no van a desarrollar los síntomas inmediatamente, sino que irá ocurriendo poco a poco, y es muy probable que cuando suceda, nunca se llegue a relacionar con el consumo de un aceite u otro.

El envenenamiento es pequeño y progresivo… Esta es la cruda realidad.

¿ENTONCES, QUÉ PUEDO HACER COMO CONSUMIDOR?

Como ya hemos comentado, a la hora de comprar aceite podemos encontrar aceite de oliva “virgen extra”, extraído en frío sí, pero que proviene de cultivos fumigados, o podemos encontrar “oportunidades” en los supermercados habituales, que son los aceites de mala calidad, aquellos que se han extraído mediante los métodos de calor o de disolventes, que hemos mencionado anteriormente.

El aceite de oliva es uno de los más empleados en España, pero su calidad también está ligada al método de extracción empleado para su obtención.

A la vista de todo esto, hay personas que se plantean: “No se puede comer nada. La carne es mala, las frutas y verduras están fumigadas y los lácteos tampoco son saludables… entonces, ¿qué podemos comer?”.

Ante esta duda razonable, solo podemos responder que debemos recurrir a la alimentación ecológica, que es la única alimentación saludable y de calidad.

La parte negativa de este asunto es, que nos hemos dado cuenta tarde. Actualmente, la industria agroquímica tiene copado el mercado, tras décadas de uso masivo de pesticidas en los cultivos de los alimentos que la población consume. Recientemente han comenzado a incorporar los productos transgénicos a la ecuación, productos como la soja, la patata, el tabaco, el café… todos ellos transgénicos con el único objetivo de aumentar la rentabilidad una vez más, demostrando nuevamente qué es lo único que les importa: el dinero.

Sin habernos dado cuenta, vivimos en un mundo lleno de químicos y de transgénicos… ¿Y ahora qué hacemos? La industria agroquímica tiene el control, y la producción ecológica es muy pequeña en comparación…

Si nos hubiéramos dado cuenta antes, seguramente no hubiéramos permitido llegar a este punto. Nosotros somos los que tenemos que influir sobre la industria apoyando la producción ecológica, una producción que no contamina el medio ambiente, a diferencia de la industria química, responsable entre otras, de estar destruyendo el planeta.

EL ACEITE ES OTRO NEGOCIO MÁS

Las industrias luchan unas con otras para entrar en los mercados y alzarse con el dominio de estos. Mediante todos los recursos a su disposición, e intentando enfrentarse al menor número de competidores posibles, hacen todo lo que está en su mano para lograr una posición dominante. Uno de esos recursos son los medios de comunicación que están a su servicio, publicitando lo que más les conviene en cada momento.

Pongamos un ejemplo: si el aceite de palma entra en EE. UU, supondría una competencia muy grande para el aceite de maíz, muy utilizado allí, y, por lo tanto, se daría lugar a una feroz batalla por el dominio. Lo mismo ocurriría si entrara en España, ya que aquí se consume mucho aceite de oliva. En conclusión, el aceite de palma no es malo, el verdadero problema es la existencia de una competencia entre los distintos fabricantes de aceites que existen en el mercado por obtener el máximo beneficio sin importar nada más. Y es que no debemos olvidar, que el del aceite es otro negocio más, y que, como tal, está “plagado” de intereses; una plaga que nadie parece tener intención de “fumigar”.

Posted by on junio 28, 2019